CHICAGO, THE WINDY CITY

No siempre nuestro corazón está donde estamos nosotros. A veces se queda atrapado por todo el cariño que recibe de otras personas, y cuando ya es demasiado tarde, nos damos la vuelta y vemos que una parte de nosotros se quedó con aquella persona a la que de verdad le importas. Una parte de mí fue arrastrada por el viento de una ciudad que me cambió: Chicago.

Viajar es lo que más me gusta del mundo, y sobretodo cuando supone un reto: viajar a Estados Unidos sin conocer a nadie, ni a la familia con la que te vas a alojar. No estuve mucho tiempo, apenas tres semanas que me hicieron cambiar y enriquecerme como persona.

Chicago es una ciudad increíble, es un “mini Nueva York” (o eso dice mucha gente). Al principio tenía miedo de enfrentarme sola a esa experiencia, miedo de verme a 7000 km de casa. En cuanto pisé suelo americano el miedo desapareció. Conocí la verdadera hospitalidad y humildad, lo que es dar todo a alguien sin recibir nada a cambio. La familia con la que me quedé me lo dio todo, y eso me llevó a pensar ¿sería yo capaz de ofrecer todo lo que tengo a alguien que no conozco? No lo sé, lo que sí sé es que yo fui ese alguien al que una familia no conocía. Me abrieron los ojos, me hicieron ver que no a todo el mundo le mueve el dinero y que en el mundo hay personas con un corazón muy grande. Me hicieron sentir como en casa, hicieron todo lo posible por integrarme en su cultura y en su ambiente, y, hoy en día, puedo decir que tengo otra familia que me apoya y se preocupa por mí a miles de kilómetros.

En cuanto a la ciudad en sí, la recomiendo al 100%. Pasear por Michigan Avenue, ver tu cara deforme en The Cloud Gate, tomarte un “Italian beef” de Portillo’s junto al lago Michigan o subir a The Willis Tower son cosas que no se olvidan. Chicago es una ciudad que impone, te hace sentir pequeño, pero es tan diferente que deja huella. El movimiento es una característica fundamental de la ciudad, nunca está quieta, te hace sentir activo y además tiene una oferta cultural impresionante.

No dudes nunca en viajar, te hará crecer como persona y te ayudará a entender el mundo, por ejemplo, gracias a que viajé allí en plena campaña electoral pude entender el dilema que había con la elección de un presidente u otro. No es lo mismo ver a través de una pantalla lo que está ocurriendo en el planeta que verlo desde dentro, ya que te hace ver la realidad y te da pie a elaborar una opinión más acertada. Viajar te hace mejorar, crecer y madurar.

No quiero acabar esta entrada sin dar las gracias a todas las personas que hicieron posible mi estancia allí, desde el entrevistador hasta mis padres y la familia que se hizo cargo de mí. Gracias a todos, porque si no hubiera vivido esta experiencia, estoy segura de que no sería tal y como soy ahora.

All the love,

Carmen.

 

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