ECHAR DE MENOS

Echar de menos. Estas tres palabras separadas no significan nada, son combinaciones de letras contextualizadas, pero juntas pueden hacer daño. ¿Qué sentimos cuando vemos que algo que nos llena se va? Yo te lo digo. Dolor.

Echar de menos es de humanos. Echar de menos es propio de mí. Propio de ti. Propio de nosotros. Echar de menos es ir por un camino de espinas paralelo al de tus lágrimas y secante al dolor. Echar de menos es sentir, recordar, llorar. Sí, llorar. Puedes echar de menos muchas cosas, muchas veces, pero cuando echas de menos de verdad, lo sabes, y lo sabes porque duele. Sí, duele. ¿Sabes? A veces viene bien desahogarse. Nos pasan muchas cosas y a veces es necesario escapar, poder decir basta, frenar. No todo es perfecto. No siempre las cosas son de color de rosa. Una sonrisa no es un pegatina que te quitas y te pones cuando te apetece. ¿Sabes qué pasa? Que no nos gusta llorar, no nos gusta que nos vean vaciarnos, porque nos recuerda que no somos como un piedra, preferimos lucirnos perfectos por fuera y estar podridos por dentro. No pienses que eres raro/a porque necesites llorar. Tú te construyes a ti mismo, y toda construcción requiere un proceso. Llora. No tengas miedo, si tenemos la capacidad de llorar es porque a veces lo necesitamos. Llora por echar de menos, es normal. Podemos echar de menos por muchos motivos, porque esa persona se va, porque tú te apartas o porque te la arrancan. A veces pensamos que solo lo físico puede doler, que solo aquello que nos hace tener una cicatriz con puntos es lo que duele. Pues no. Echar de menos puede doler mucho, puede hacer que te sientas vacío o que no tengas ganas de verte. Echar de menos no está mal, es señal de que sentimos, nos recuerda que no somos de hierro y, que al final, por mucho que queramos exponernos como perfectos, nuestro ”yo” interior acaba saliendo sin pedir permiso. Echa de menos a aquellas personas que te llenan, a algo que tenías y ya no tienes, pero no permitas echarte de menos a ti mismo, porque eso pasa, y a veces sentimos que ya no somos lo que fuimos porque algo o alguien no nos quiso como éramos. Dale gracias a ese algo o alguien, porque te ha hecho más valiente, te ha hecho capaz de derramar lágrimas sin miedo a que te señalen con un dedo.

Somos humanos. Somos sensibles. No somos de acero; aunque muchas veces nos obliguen a aparentarlo.

Si echas de menos es porque hiciste las cosas bien y no supieron valorarlo.

All the love,

Carmen.

PD: Espero que os haya hecho pensar. El cuadro que representa tanto el texto de la foto es de la hermana de mi padre, os invito a visitar su página y empaparos de su arte, porque merece la pena. http://www.isaperezdominguez.es/

 

 

 

 

 

 

 

 

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