¿Inventamos la fórmula?

Hacía mucho tiempo que no escribía nada. Nada de nada. Sinceramente, pienso que escribir tiene que surgir, no puede ser forzado, tú mente tiene que pedírtelo cuando sienta que necesita expresarse.

¿Por qué escribir hoy?

Viajar es un arte, te enriquece, te hace crecer, madurar y valorar lo que tienes. Es esto último lo que me hace lanzarme hoy hacia el teclado del móvil para llegar a alguien.

Es increíble la majestuosidad del ser humano, lo que es capaz de proyectar y plasmar sobre el mapa. Sin embargo, ¿cómo proyectamos lo realmente importante da cada lugar, es decir, las diferencias socioeconómicas, la pobreza, la falta de recursos, la explotación, la contaminación…?

Hace poco he sufrido un golpe de realidad, de esos que te hacen pensar más de lo que creías que podías llegar a hacerlo, de esos que te bajan de la nube de caprichos y egocentrismo en la que vivimos. Mientras al lado derecho de la carretera se cuece el turismo de sol y playa; en el margen izquierdo de la carretera hay mujeres embarazadas, niños, ancianos, hombres y jóvenes viviendo en chabolas y descalzos sobre un suelo que arde. Arde de dolor por una voz encerrada que pide ayuda en un grito en silencio.

Parece que hemos construido un muro que no nos deja coger la mano a aquellos que nos las tienden, un muro transparente que nos deja ver, pero no observar el mundo que se construye a nuestras espaldas, porque parece que cuando el problema no es nuestro no existe. Porque mientras yo esté bien nada va mal. Porque desgraciadamente esa es la problemática de la que radican los demás problemas: en la política se ensalza la voz del poder de los partidos, no la del bien común; en una gran cantidad de países (entre ellos Estados Unidos) se prima el beneficio económico al cuidado medioambiental en la expulsión de gases contaminantes; en otros muchos la brecha social sobrepasa los límites de lo humano con una cima del poder enriquecida a costa de la pobreza del propio país; y así una infinidad de cosas más.

Tenemos que plantarnos cara a nosotros mismos, hacer cosas por los demás y cultivar la empatía y la solidaridad. Esto nos llena más que cualquier otra cosa material, nos cura el alma.

La historia ha sido muy cruel con el planeta; no obstante, lo bueno de los problemas es la satisfacción que se obtiene al solucionarlos. Si cada uno hace un poco, juntos hacemos mucho. Esta bien que nos vayamos de vacaciones a disfrutar si podemos, pero que nos se nos olvide cambiar en la maleta la venda que nos impide mirar al otro lado de la carretera por la preocupación medioambiental y social.

Afortunadamente, España es un país que cada vez está más concienciado de lo grave que es la contaminación pero esto no es igual en todos los países. En la República Dominicana (donde me encuentro ahora mismo) los parajes naturales y las calles están llenos de basura, destacando el plástico. Trato también este tema porque tiene relación directa con los párrafos anteriores, ¿va a preocuparse alguien que no puede permitirse un hogar por la limpieza del medio que le rodea? Puede que sí; pero en mucha menor medida que alguien que solo tiene que pasar la tarjeta de crédito para llevarse comida a la boca.

Siento impotencia de no poder dar solución a todo esto que veo, pero por lo menos, de mejor o peor manera, puedo escribirlo.

Ojalá algún día se invite una fórmula que solucione todo esto. Hay mucho por hacer, ¿empezamos?

All my love,

Carmen.

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